29.11.17

Aragonesxs: maestro Antonio Viñuales

Aragonesxs: maestro Antonio Viñuales, de Huesca
Enchiriadis en San Pablo de Zaragoza.
Releí el otro día mi entrada sobre el Festival de Daroca y el maestro holandés Leonhart, el mismo día en que asistí al magnífico concierto de Enchiriadis –coro femenino- dentro del ciclo de música de que estamos disfrutando gratis et amore en la Iglesia de San Pablo.

Disimulando nada la emoción, el maestro y director del coro Jorge Apodaca recordó la muerte de Antonio Viñuales. Se hizo un hermosísimo silencio denso en la iglesia, plagada de asistentes que no tienen relación alguna con el público que acostumbra a asistir a estos espectáculos. Esa sola mención ya hizo todo un aragoneses… Qué hermoso que la gente sepa quién es un músico callado.

Tras ello, asistimos a un asombroso recorrido musical de dicho coro femenino por el jazz de voces solistas femeninas y no y otras composiciones del Renacimiento y contemporáneas. Sobresaliente el buen gusto en la elección del repertorio y en la contribución a la educación musical de los asistentes. El marco de San Pablo, tan desnudo para ser barroco, abriga muy bien a las amalgamas sonoras vocales.
Jorge recordó la coincidencia con el maestro Viñuales en una de las más extraordinarias formaciones musicales barrocas españolas, la Antigua Capilla Hispánica, todas con nombres y reminiscencias tan de peso, tan purpúreas. Muchísimas con origen y desarrollo en Zaragoza. Véanse los resonantes nombres cortesanos de los Músicos de su Alteza, la Capella Reial de Catalunya o Al Ayre Español… nombres que saben a melocotón de Calanda en sazón, todo terciopelo, y cuya audición nunca decepciona, menos en directo.

La imagen corresponde a la Antigua Capilla en el bellísimo marco de la fantástica y desconocidísima iglesia gótica de Molinos, Teruel. En concierto interpretando a Cabezón, músico de cámara de la Edad de Oro española.
El profesor Viñuales aún tuvo energía para emprender y dirigir la Orquesta de Cámara de Huesca y Director de su Conservatorio, donde dio clases prácticamente hasta su temprana muerte de coro y orquesta. Ponemos imagen final en que se refleja su carácter esencial como laboratorio de ideas musicales, en esa ciudad tan reposada y elegante para ejercer este oficio.

Se nos ha ido teniendo todavía mucha sapiencia que regalar, no lo podríamos imaginar nunca jubilado de tan jubilosa vida.

Antonio representa esa alma necesaria, esa pasión por la base y la calidad que no se puede compensar con programa político alguno. Lo imaginamos emocionado viviendo más que visitando el haz de preciosas iglesias y catedrales con magníficos órganos que jalonan nuestro país. Imagino que pudo cantar en Agüero, en Berdún, en las catedrales de Jaca y de Barbastro, que mancilló para bien el claustro de Roda de Isábena, que llenó de sonido de forma no efímera probablemente Sigena y Obarra…

Que justificó por él mismo con toda una vida dedicada a su pasión desde Huesca, pudiéndose quedar en su ciudad, tanta política de rehabilitación de patrimonio musical eclesiástico que ha pasado a estar amortizada solo con el magisterio y discípulos que le lloran desde Huesca, viendo tan difícil de llenar su vacío, que es lo máximo que poder dedicarle a un artesano de cualquier materia o forma.
Cuando nos planteamos cómo reemplazar y no nos sentimos liberados por la desgracia. Aunque nos expresemos desde la hipocresía.

Es lo que ha conseguido Antonio Viñuales, reconocimiento a una vida vivida, soñada y sentida de manera más que sobresaliente.

21/11/2017 Luis Iribarren