9.1.12

¿Hasta donde las empresas privadas deben colaborar en actos públicos?

La extensa programación de Navidad que ha realizado este año la Junta del Distrito del Rabal, en un año con inmensos recortes presupuestarios, ha contado con la ayuda económica, casi total para el presupuesto realizado, de la empresa Saica, instalada en el Picarral.

Se ha logrado hacer como todos los años, una serie de festivales dirigidos a los niños o a los ancianos, dos actuaciones de música popular aragonesa, un excelente concierto de música clásica de Fin de Año o un reparto de 90 regalos de calidad el Día de Reyes para 90 niños del Distrito con serias dificultades económicas con la ayuda de las Asociaciones de Vecinos del Distrito del Rabal.

Pero la obligación de todos es preguntarnos cada actuación en la que trabajamos para que salga lo mejor posible hoy pero también siempre. ¿Hasta qué punto es lógico y bueno contar con empresa privadas para poder realizar una programación que beneficia a todas y todos los vecinos de un Distrito, en una programación que organiza un ente público?

Hay que recordar que todos los Festivales se han llenado de personas de los barrios, que todos eran gratuitos y que en alguno de ellos se repartió algún detalle. Como hay que recordar también el excelente trabajo de todos los Vocales del Distrito que desinteresadamente y por turnos han logrado poner en marcha los festivales, con más peso como es lógico, sobre los hombros de los Vocales del PSOE. Y hay que añadir además que este años sin la ayuda de la empresa Saica no se hubieran podido hacer estos festivales de Navidad.

He de señalar que en ningún momento ha existido ninguna injerencia de la empresa privada ni en la programación, ni en el reparto de entradas o regalos, ni en la forma de organizar cada acto, como además es lógico. Pero que este año no haya sucedido no es suficiente para no preguntarnos si es el camino válido. No admitimos contribuir con impuestos suficientes y progresivos, seguimos solicitando actividades gratuitas o de muy bajo coste y no admitimos con agrado la intervención de las empresas privadas en actos públicos. Una mezcla complicada de cuadrar pero que al menos debe hacernos reflexionar.